miércoles, 4 de agosto de 2010

De atrapar humo con las manos desnudas

Queremos lo que no tenemos, es más, lo que no podemos tener. Sino no se explican muchas de las cosas que vemos o que nosotros mismos sentimos a lo largo de nuestra vida. Somos ambiciosos por naturaleza... siempre queremos más... y no necesariamente estoy hablando de bienes materiales.

Lo peor de este afán avaricioso llega cuando nuestro oscuro objeto de deseo se coloca a distancia de casi casi ser tocado con las yemas de los dedos. Ahí lo vemos ya en nuestro poder, las pupilas se nos abren como platos llanos y el corazón empieza a palpitar a toda leche.

Pero, como no dejaba de tratarse de un objetivo platónico, éste empieza a alejarse, en nuestras propias narices, y la mayor parte de las veces sin que podamos hacer nada por evitarlo. Duele no tener lo que anhelas, pero más duro es aún que por unos instantes lo sintieras casi hecho y la posibilidad se desvanezca...

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