sábado, 25 de septiembre de 2010

De querer lo que no podemos tener

La capacidad de raciocinio es una característica inherente al ser humano, de la cual obtiene su nombre científico, Homo sapiens sapiens, hombre sabio o racional. A menudo nos empeñamos en cuestionar esta racionalidad nuestra que genéticamente nos viene impresa. Podría mencionar miles de ejemplos incluso a escala política mundial, pero hoy me quiero centrar en uno más de andar por casa.

Muchas veces somos como niños, esos niños que tienen a su alrededor todos los juguetes habidos y por haber, pero que quieren aquel juguete que no pueden tener, el juguete que tiene otro niño o que simplemente les es inaccesible. Patalean, lloran y todo porque quieren a toda costa aquello que no tienen... que no pueden tener.

Los adultos somos iguales. Décadas de desarrollo neuronal, psicomotriz y de adquisición de experiencia que parecen no haber servido para nada. Seguimos queriendo lo prohibido, lo que nos es esquivo. Una es la diferencia. Ahora no sólo queremos lo que no tenemos, sino a quien no podemos tener. La mente humana nunca dejará de sorprenderme, nisiquiera la mía propia. A todos nos ha pasado, nos pasa y nos pasará. Habitualmente ignoramos a aquellas personas que con mayor interés nos buscan, nos desean o nos aman, simplemente porque es demasiado fácil. Lo fácil no nos gusta, no nos motiva, no nos plantea un reto. Sin embargo somos capaces de perder los estribos, arrastrarnos y rebajarnos hasta límites insospechados por personas que ni por un instante sintieron nada de aquello que nosotros por contra sí. Son a menudo estas relaciones las que tienen un final dantesco. Acaban con el alma y el corazón roto de personas cuyo único pecado fue cegarse por la avaricia de conseguir su santo grial, ignorando otras propuestas que no por más sencillas de alcanzar eran menos válidas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario